17/4/16

¿Embarazo, bendito embarazo?



¡Bienvenidos Habitantes de La Madriguera!
         Hoy os traigo una reflexión personal, después de una semana larguísima de trabajo y mientras tengo cuento nuevo en el horno.
        Cuando decidimos tener niños, idealizamos tanto el embarazo como la crianza y nos lanzamos a la aventura dichosos y felices, pero... ¡Ay, almas de cántaro! Nos topamos con la cruda realidad...

         Ignoremos los "males" obvios tales como la fiesta de hormonas en la que nos convertimos, la falta de control sobre tu vejiga (y más si es el 2º o 3º embarazo), las náuseas del primer trimestre e incluso del tercero si has tenido la misma suerte que yo, reflujos, digestiones lentas, estreñimiento, pies como botas, circulación terrible, ser una marmota el primer trimestre y el insomnio del tercero, etc...

         En fin, todo fiesta y alegría desde el minuto cero.

         Por supuesto, también es lo más bonito que te puede pasar e incluso hay momentos en lo que lo echas de menos... Desde luego, nunca estás tan tranquila como cuando tienes a tu fierecilla en la barriga. Independientemente del embarazo que estés pasando o que te estén haciendo pasar.

         Cuando por fin tienes a tu bebé en tus brazos, se acaban la tranquilidad y el sosiego. Quedan reemplazados por el susto, el estrés y el insomnio, entre otros, por siepre jamás.

         Y nos echamos unos mil años encima de golpe y porrazo... Y hacemos prácticamente todas y cada una de las cosas que nos juramos y nos perjuramos que no haríamos nunca, en momentos en los que nuestra paciencia se ha ido de vacaciones.

         En mi caso, además de todo esto, mi segundo embarazo me trajo un regalo inmensísimo e inesperado: redujo muchísimo mi dolor de espalda.Para poneros en antecedentes, os cuento un poco. Sufro de dos hernias de disco cervicales, una de ellas lateralizada hacia la derecha y sí, lo habéis adivinado, soy diestra.

         Para llegar a semejante diagnóstico "sólo" han tenido que pasar once "cortos" años y muchos médicos. Mal diagnosticada con simples contracturas musculares, el dolor se ha ido apoderando de mi día a día hasta llegar a mi situación actual, en la que pelar una simple patata, para mí es un mundo (de hecho, llegaron a plantearse si lo mío no sería fibromialgia, pero mira, "he tenido suerte").

         En fin, que me he convertido en una "pobre personita desvalida" que no puede hacer todo lo que hacía antes.

         He de decir que siempre he sido un poquito bruta y he movido muebles sola, he hecho mil y una mudanzas, cargado mucho, muchísimo peso y claro... Ahora hay que acostumbrarse y hacerse a la idea de que se me ha acabado la alegría de cargar como un mulo de carga, valga la redundancia.

         Aunque tengo que confesar que lo que peor llevo es no poder bañar a mis topitos, o no poder cogerlos sin estar sentada, o que mi topita la mayor tenga interiorizado que a mami le duele mucho la espalda y el lado derecho del cuerpo y ella tiene que cuidarme, o cuando juega a que le duele la espalda como a mamá... Ahí se me cae el alma a los pies.

         En esas ocasiones echo mucho de menos mis hormonas de embarazada. El súper poder que me daban de no sentir el dolor de espalda y poder moverme con soltura (bueno, la que nos deja el barrigón) sin miedo a quedarme pillada en el momento menos oportuno.

         Esas ocasiones echo de menos mi barriga, pero luego recuerdo todo lo que la acompaña y se me pasa.

         Pero tengo la inmensa fortuna de ser mamá de un cielo de niña (con una inteligencia emocional que ya quisieran muchos talluditos para sí mismos) a mi niño que no cambiaría por nada del mundo y una familia que me apoya, me ayuda y soporta mejor que yo este cambio de guión en el que les toca tirar más del carro de lo que a mí me hubiese gustado y cargar con todo el trabajo extra que yo no puedo hacer (gracias Sergio, aka @papaagonias, gracias mamá. Sin vosotros no sé si lo aguantaría).

 Y nos vamos adaptando a hacer menos e intentar disfrutar más de todos los días que nos quedan por delante, por muy confusa y enrevesada que sea la crianza de los monstruitos que una vez llevamos en nuestras barrigas.

         ¿Y vosotros echais de menos vuestro embarazo? ¿Os encontrásteis con algún súper poder? Contadme vuestras peripecias, que me hace mucha ilusión leeros y así compartimos aventuras y desventuras de nuestras barrigas.

        Y esto se acaba. Muchas gracias por tomaros un ratito para leerme. Espero que hayáis disfrutado esta entrada y seguro que os ha hecho recordar aquel tiempo en que esparábais a vuestros retoños, o si estáis esperándolo ahora, ya sabéis lo que os espera
        ¡Hasta la próxima, Habitantes de La Madriguera! ¡Abrazo fuerte de oso!
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